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Tela blanquecina

Es que no tiene que ser así ¿Por qué tiene que ser ese el único minuto? Ese fugaz minuto en el que todo se alinea y se observan rayos de luz que atraviesan el templo como dagas que dibujan difusas tonalidades entre azul y púrpura en torno a la burbuja blanquecina que arropa a los Novios, elementos que siempre estuvieron allí, pero desapercibidos, invisibles, hasta que las notas musicales que ambientan la ocasión nos llevan a vibrar en la frecuencia adecuada para poder captarlos. Acaso alguien puede querer perderse la sensación de regocijo y protección divina de ese instante? No lo creo, aunque ciertamente para quien no lo ha vivido jamás, puede parecer irrelevante, por no decir, inexistente. Además, quienes si que lo han vivido, no lo racionalizan, sólo lo sienten desde el reino de las emociones que yace en el subconsciente, a donde no tiene acceso nuestra mente racional.   Por eso, al tener una nueva oportunidad de presenciar una Boda, muchos piensan, aunque no todos lo dicen, "Lo que más quiero es escuchar el canto del Ave María". Mal asunto si no forma parte del repertorio seleccionado por los Novios.  Pero en todo caso, no es verdad que quieran escuchar el Ave María, eso lo puedes hacer cuantas veces quieras tan simple como buscarlo en youtube,  pero es que lo que realmente esperan de esa ocasión es la experiencia emocional completa que tienen asociada subconscientemente al canto del Ave María.  Y que hace que dicha pieza sea capaz de causar tal efecto? La respuesta a esa pregunta es la puerta de entrada al santo grial que marca la diferencia entre una Ceremonia bonita, acogedora, común, y una Ceremonia impactante, destacada, inolvidable. "...las notas musicales que ambientan la ocasión nos llevan a vibrar en la frecuencia adecuada" El Ave María es la única pieza cuya estructura musical, prácticamente por default, está dotada con todos los matices correspondientes al momento en el cual suena, por lo tanto, genera una conexión profunda con un alto grado de emotividad.  Pero esto es un hecho fortuito casi inevitable, dada la circunstancia de que El Ave María viene ya instaurado en el repertorio, digamos que tiene su puesto asegurado, mientras que el resto de las piezas son elegidas al azar, bajo un prisma cuyo único criterio es: (Me gusta, no me gusta).  Pero que tal sería observar al Novio desfilando hacia el Altar, erguido, orgulloso, feliz, inmerso en una ambientación musical que, simil al Ave María, conecte todo en una misma frecuencia, replicando esto en todas las etapas, y experimentar así una Ceremonia llena de intensas emociones de principio a fin? Sería eso posible?  Claro que sí, pero eso requiere de un estudio minucioso, Cada etapa tiene sus propios colores con una intensidad determinada que demanda distintos niveles de matices, que además se verán influenciados por el protagonismo activo o pasivo de los Novios. La selección de un buen repertorio musical, tal como el soundtrack de una película taquillera, no es Universal, y tampoco es algo que se pueda conseguir al azar. Detrás de una Ceremonia deslumbrante que deja una huella indeleble de alto valor como experiencia de vida a lo largo del Matrimonio, hay una ciencia musical a la cual ustedes, en este momento, quizás tienen la oportunidad de acceder.

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Esto no es tradición, es ciencia musical aplicada a lo que debería llegar a ser el momento más espectacular de tu vida...

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